viernes, 10 de abril de 2020

LOS AZULEJOS QUIJOTESCOS DE VALENCINA DE LA CONCEPCIÓN


Desde principios de la década de 1920 los paseos y plazas de muchas poblaciones andaluzas -y de otras del resto de España y aún del extranjero- se fueron poblando de bancos de diferentes formas y tamaños decorados con azulejos quijotescos. El modelo inicial, como sabemos, estaba en la Glorieta Cervantina del sevillano Parque de María Luisa, que fue reproducida en varias localizaciones del continente americano y en Alcázar de San Juan.
Los azulejos seriados con escenas extraídas de las aventuras del hidalgo Don Quijote constituían excelentes motivos para revestir y embellecer bancos de obra, elementos del mobiliario urbano destinados al descanso y a la conversación. Las fábricas trianeras de casas como José Mensaque, Mensaque Rodríguez y Compañía, Ramos Rejano o Casa González, entre otras, producían en abundancia esas series destinadas a cubrir los zócalos o arrimaderos de portales, patios, escaleras, chimeneas y cualquier elemento arquitectónico susceptible de ser forrado con piezas cerámicas.
En la localidad onubense de Isla Cristina se instalaron a principios de los años veinte un conjunto de ocho bancos con azulejos de este tipo en la actual Avenida de Ángel Pérez, el popular Paseo de las Palmeras, ya desaparecido, y en la Plaza Alta de Algeciras también encontramos bancos con motivos quijotescos, aunque los muy deteriorados originales fueron reemplazados en una reciente restauración. Otro ejemplo lo tenemos en Ubrique (Cádiz), en los jardines que hay delante de la antigua fábrica de artículos de piel ABC, más conocida como Santamaría.

Plaza de Nuestra Señora de la Estrella de Valencina de la Concepción, con los bancos en su perímetro, después de la rehabilitación realizada en 2019. Fotografía: Ana Belén Arribas
En Valencina de la Concepción, municipio de la comarca del Aljarafe situado a apenas ocho kilómetros de Sevilla, podemos ver otro caso de uso de la temática de Don Quijote en la decoración de espacios públicos, que conocemos gracias a la amabilidad de Dª. Ana Belén Arribas, que nos ha proporcionado completos reportajes fotográficos de este enclave. En el perímetro de la Plaza de Nuestra Señora de la Estrella, en el centro de la población, se disponen bancos de ladrillo de diferentes longitudes cuyos asientos están revestidos de azulejos en tonos verdes con cenefas con motivos geométricos en varios colores. En el centro de cada banco hay un pequeño panel compuesto por dos azulejos rectangulares que forman un círculo en el que está la escena quijotesca correspondiente, pintada sobre la pieza.

Firma de Cerámica Alberdi en uno de los azulejos originales de la Plaza. Fotografía: Ana Belén Arribas

 Los motivos elegidos abarcan paisajes, personajes y sucesos de la célebre obra de Cervantes. En varias piezas aparece la firma de Cerámica Alberdi, lo que confirma que fueron realizadas en el taller de alfarería que el ceramista trianero Alfonso Alberdi -fallecido en 2018- instaló en la vecina localidad de Gines. Aunque no están fechadas, es posible que daten de la década de 1970.

En el verano del año 2019 se llevó a cabo una rehabilitación integral de la Plaza, que permitió mejorar su accesibilidad y renovó los elementos existentes y el pavimento. Ante el deterioro que presentaban los azulejos hechos en su momento por Alberdi se decidió sustituirlos por réplicas con las mismas escenas que los antiguos, firmados por “C. Sevilla”. De esta manera se da continuidad a este ejemplo del uso de los motivos inspirados en Don Quijote en la ornamentación de espacios urbanos.

La misma escena en el azulejo original de Alberdi y en la réplica instalada en 2019. Fotografías: Ana Belén Arribas

martes, 18 de febrero de 2020

LOS BANCOS DE AZULEJOS DEL QUIJOTE EN MALABO


La Glorieta Cervantina del Parque de María Luisa era un espacio recogido e íntimo, lo que no impidió que se convirtiera en uno de los lugares más admirados por parte de las personas que visitaban la ciudad de Sevilla en los años previos a la Exposición Iberoamericana. La idea de crear reproducciones de la glorieta, con varios bancos de obra forrados con azulejos de tema quijotesco dispuestos de forma perimetral o lineal, se fue extendiendo por otros lugares de España y del extranjero, especialmente en América.

En Alcázar de San Juan se instaló una réplica de origen sevillano y en el Parque Gasset de Ciudad Real la llamada Fuente Talaverana incorporó un zócalo de azulejos con el escudo de la ciudad y varias escenas del Quijote. Otros modelos de bancos y espacios cervantinos fueron proliferando por el territorio peninsular y por todo el continente americano, desde Argentina hasta Estados Unidos.

Las posesiones coloniales españolas en África tampoco quedaron al margen del éxito de los azulejos inspirados en pasajes del Quijote, usados tanto como revestimiento cerámico de espacios privados como en elementos ubicados en parques, plazas y paseos. En el Protectorado del Norte de Marruecos conocemos la existencia de mosaicos en el interior del Teatro Cervantes de Tánger y, gracias a las informaciones aportadas por D. Antonio Reyes Ruiz, sabemos que existen azulejos cervantinos en unos bancos situados junto al Ayuntamiento de la ciudad de Larache, del catálogo de Mensaque, Rodríguez y Compañía, y que existieron otros similares en la antigua Plaza de España de Chauen, ya desaparecidos. Antonio Reyes ha comisariado la exposición Azulejos con historia, que recoge el legado cerámico español en Marruecos.
Un ejemplo tardío de la difusión de estas piezas cerámicas, muy vinculadas a un cierto modelo de internacionalización de la cultura española, lo encontramos en las calles de Malabo, la antigua Santa Isabel, capital de la isla de Bioko y de Guinea Ecuatorial. En sus calles y paseos se conservan varios bancos con motivos cerámicos cervantinos, instalados en la última etapa de la época colonial. Los bancos están revestidos en sus asientos y respaldos con azulejos con escenas del Quijote. Son piezas seriadas y elaboradas mediante la técnica de la cuerda seca, que pueden ser atribuidos a los talleres de la firma sevillana Ramos Rejano. En cuanto a su fecha de instalación, podría situarse hacia 1955, ya que en el centro de los respaldos de esos bancos aparece en mosaico el diseño de escudo de la ciudad de Santa Isabel que fue aprobado por una orden de Presidencia del Gobierno de 7 de diciembre de 1954. En los años anteriores ya se habían colocado bancos decorados con escenas africanas y otros motivos en los jardines existentes delante de la Catedral, procedentes de los talleres talaveranos de Ruiz de Luna.
 

Bancos quijotescos en la antigua Plaza de España, actual Plaza de la Independencia, de Malabo
(Fuente: Web “Crónicas de la Guinea Ecuatorial”, www.bioko.net/galeriaFA)

Los bancos son de ladrillos aplantillados, con un claro toque regionalista, y se disponen sobre plataformas rectangulares cerámicas en cuyas esquinas también hay azulejos quijotescos. En los respaldos y asientos las piezas quedan enmarcadas por piezas lisas en tonos verdes. La ubicación de estos asientos en lugares de la ciudad, como el Paseo de Punta Fernanda o en las cercanías del Casino, propició que aparecieran en numerosas fotografías familiares como elementos llamativos de la época colonial. Algunos de estos asientos han desaparecido, como los de la Plaza del Ayuntamiento, mientras que los que se conservan presentan un evidente estado de deterioro. Debemos el conocimiento de estos bancos, huella peculiar de la presencia española en el corazón de África, gracias a la amabilidad de D. Álvaro Ortega Santos, director del Centro Cultural de España en Malabo, quien nos ha proporcionado la adjunta fotografía, realizada por el arquitecto Ángel Luis Sousa. Nuestro agradecimiento a ambos por su inestimable colaboración para poder realizar esta entrada sobre el que quizás sea el testimonio más exótico de los azulejos quijotescos.

Detalle de uno de los bancos que aún se conservan en Malabo. 
Fotografía: D. Ángel Luis Sousa (a través de D. Álvaro Ortega Santos)

lunes, 22 de abril de 2019

LA GLORIETA CERVANTINA DEL PARQUE DE MARÍA LUISA DE SEVILLA (II)


En la actualidad la Glorieta Cervantina del Parque de María Luisa permanece semioculta tras paredes de setos y bajo el voluminoso porte de la enorme araucaria que se plantó cuando se inauguró allá por 1916.

En su construcción se recurrió a los materiales propios del estilo regionalista, con especial protagonismo de la cerámica. Los cuatro bancos de ladrillo se disponen sobre plataformas en torno al árbol que sirve como elemento central de la composición, formando un recogido espacio octogonal. En el pavimento se combinan mazaríes y olambrillas con motivos quijotescos, y dos cenefas con textos alusivos a la influencia de Sevilla en la obra cervantina delimitan el alcorque del árbol y el borde de los cuatro bancos.

En los respaldos y asientos de los bancos el relato de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha quedó resumido en azulejos polícromos realizados con la técnica de la cuerda seca. La serie recoge una versión ilustrada de las dos partes de la novela en 344 escenas de diferentes tamaños, algunas de ellas formadas por más de una pieza. Los bordes superiores de los bancos también están recubiertos con olambrillas de la misma temática, y los conjuntos aparecen enmarcados por cenefas con óvalos en los que se alternan el NO8DO (símbolo de la ciudad) con las siglas EHA (Exposición Hispano Americana), remarcando la relación de este espacio con la etapa inicial de los preparativos de la Exposición.


Detalle del comienzo de la serie de azulejos de la Glorieta Cervantina.
Fotografía: Rafael Maldonado y Víctor Heredia
Las librerías ubicadas en dos de los laterales –que recuerdan su función de biblioteca pública gratuita- sirvieron de pedestales, inicialmente, a jarrones cerámicos, más tarde sustituidos por sendas esculturas de Don Quijote y Sancho Panza sobre sus respectivas monturas, ejecutadas en barro cocido por Eduardo Muñoz, que desaparecieron posteriormente. Ambas figuras fueron repuestas cuando se restauró la glorieta con motivo de la Exposición Universal de 1992, aunque de nuevo fueron sustraídas poco después. En los frentes de los anaqueles aparecían reseñados años y lugares de la vida de Miguel de Cervantes, desde su nacimiento en Alcalá de Henares en 1547 hasta su muerte en Madrid en 1616, pasando por Roma, Argel y Sevilla (en la actualidad falta uno de estos frontales, seguramente referido a Lepanto). Los laterales estaban decorados con mosaicos dedicados al propio Cervantes y a sus famosos personajes, realizados con la técnica del azulejo liso pintado (seguramente repuestos en restauraciones posteriores). En la parte inferior había cartelas con el título de la Exposición Hispanoamericana y con una copia ilegible de un texto manuscrito de Cervantes, con su firma.


La inspiración gráfica procede de las ilustraciones de la lujosa edición del llamado Quijote del Centenario, publicado entre 1905 y 1908 con dibujos realizados en su mayor parte por el pintor sevillano José Jiménez Aranda (1837-1903). Fue el propio Aníbal González el que indicó que los azulejos serían realizados en base a los diseños de Jiménez Aranda, según el profesor Alfonso Pleguezuelo.

Azulejo con el nombre de Pedro Borrego.
Fotografía: Rafael Maldonado y Víctor Heredia
 Francisco M. Pérez Carrera localizó en uno de los azulejos la firma del pintor Pedro Borrego Bocanegra, quien sería por tanto el autor de los dibujos, dato corroborado por una mención de Alejandro Guichot en el segundo volumen de su obra El cicerone de Sevilla. Monumentos y Bellas Artes (compendio histórico de vulgarización), publicada en 1935. Las piezas fueron fabricadas en los talleres de Manuel Ramos Rejano, una de las prestigiosas casas proveedoras de materiales cerámicos para la Exposición. Aunque ha existido cierta confusión tanto en lo que respecta al fabricante como a la datación de los azulejos de la Glorieta, un documento localizado en el Archivo Municipal de Sevilla por D. Juan José Cabrero Nieves (a quien agradecemos su colaboración) aclara totalmente la procedencia de Ramos Rejano y su realización en 1916.

El conjunto ha sido definido por Mercedes Espiau «como un monumento a la lengua castellana, matizando así la idea original de crear un monumento a Cervantes e introduciendo una dimensión simbólica más amplia que pone en relación a España y América a través del elemento común que es la lengua». En este sentido, los azulejos de la glorieta del Parque de María Luisa obtuvieron un éxito inmediato y estimularon un renovado interés por Cervantes y el Quijote. Por un lado, las principales casas productoras de azulejos de Triana comenzaron a comercializar piezas de tema cervantino. Por otro, la Glorieta se convirtió en un modelo admirado por las personalidades que visitaban la ciudad y empezaron a llegar solicitudes para instalar réplicas en otros puntos de España y América.

Último azulejo de la serie, con el epitafio de Sansón Carrasco.
Fotografía: Rafael Maldonado y Víctor Heredia
Para saber más:

-Espiau, Mercedes (1993). El monumento público en Sevilla, Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, pp. 228-230.

-Pérez Carrera, Francisco M. (2007). “Don Quijote en los espacios públicos sevillanos. Estudio de materiales didácticos”. En Actas del Congreso “Cervantes, el Quijote y Andalucía”, Tomares, Asociación Andaluza de Profesores de Español “Elio Antonio de Nebrija”, pp. 257-264.



jueves, 4 de abril de 2019

LA GLORIETA CERVANTINA DEL PARQUE DE MARÍA LUISA DE SEVILLA (I)


El ambiente cervantista que bullía en la ciudad de Sevilla a principios del siglo XX tuvo su reflejo en los actos conmemorativos del tercer centenario de la muerte de Miguel de Cervantes y en la colocación de una serie de mosaicos cerámicos en diferentes espacios urbanos que eran mencionados en sus obras. También en esa época se erige en Sevilla el primer monumento público relacionado con Cervantes y el Quijote. Se trata de la denominada Glorieta de Cervantes, o Rotonda del Quijote, de la Plaza de América, en el Parque de María Luisa.


Su construcción se inserta en el largo período de gestación del proyecto de Exposición Hispanoamericana, que había surgido en 1909  y que por diversas causas se fue postergando hasta celebrarse finalmente en 1929. Este proyecto incluía entre sus realizaciones la exaltación del Quijote como gran monumento literario del idioma español, lengua que daba cohesión a los pueblos hispanoamericanos. Posteriormente el ámbito de la exposición se amplió a Portugal y Brasil, diluyendo de alguna manera el papel concedido inicialmente al español como aglutinante cultural. A partir de 1922 se denominó oficialmente Exposición Iberoamericana.

El diseño inicial que Aníbal González realizó de la Plaza de América como espacio destinado a los pabellones permanentes de la Exposición incluía la ubicación de un gran monumento a Miguel de Cervantes, que se situaría en el extremo occidental, junto al Paseo de las Delicias. El proyecto que el escultor Lorenzo Coullaut-Valera realizó en 1913 –y del que se trata más ampliamente en otra entrada de este blog- finalmente no se llevó a cabo, aunque sirvió de inspiración para el que años después se levantó en la Plaza de España de Madrid.

De todos modos, cuando en abril de 1916 se inauguró la Plaza de América sí existía un espacio de homenaje a Cervantes, una glorieta situada precisamente enfrente de otra dedicada al cervantista Francisco Rodríguez Marín, personalidad muy comprometida con la divulgación de la obra cervantina, resultando “dos pequeños espacios cargados de intimismo que se cierran sobre sí mismos” (Mercedes Espiau, El monumento público en Sevilla, Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 1993, pp. 228-230).

La glorieta de la Plaza de América fue diseñada en un estilo regionalista por el arquitecto Aníbal González, con el asesoramiento precisamente de Rodríguez Marín, quien planteó un monumento que simbolizara el hermanamiento entre España y América a través de la lengua común. La Glorieta Cervantina estaba concebida como un espacio recogido dedicado a la lectura, por lo que contaba con anaqueles para albergar libros y publicaciones que estaban al alcance del público, convirtiéndose por tanto en una biblioteca pública al aire libre. 

Antigua postal coloreada de la Glorieta Cervantina o de Don Quijote (hacia 1921)

Sobre una planta octogonal se disponen cuatro bancos de ladrillo visto y dos pequeñas librerías recubiertas de casi 350 azulejos con la representación de escenas del Quijote en diferentes tamaños y con un vistoso colorido, distribuidos entre los asientos y los respaldos.

En el centro se plantó una araucaria y en el suelo se dispuso una cenefa con un texto relativo a la influencia de la ciudad hispalense en su autor: “Sevilla es haber comunicado su espíritu con el espíritu de Miguel de Cervantes Saavedra influyendo así la ciudad del Betis y alma de Andalucía en la creación y feliz término de la obra portentosa El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, libro que vive en todos los pueblos y entre todos los hombres. Regocijo, enseñanza y monumento altísimo levantado sobre el pedestal de la raza hispana”.

Años después de su inauguración, encima de las librerías se colocaron sendas esculturas de Don Quijote y Sancho Panza sobre sus respectivas monturas, ejecutadas en barro cocido por Eduardo Muñoz y Martínez, que desaparecieron posteriormente. 

Aspecto actual de la Glorieta Cervantina. Fotografía: Rafael Maldonado y Víctor Heredia
Este modelo de glorieta intimista, que combinaba el regionalismo arquitectónico y el tema literario en base al Quijote, gozó de un gran éxito y fue imitado en otros lugares de España y América en los años siguientes, como veremos.

Para saber más:








lunes, 4 de marzo de 2019

LOS MOSAICOS CERVANTINOS DE CÓRDOBA


Córdoba reclamó su vinculación con la vida y la obra de Miguel de Cervantes en 1917. Entonces se instalaron en dos puntos de la ciudad sendos mosaicos cerámicos que seguían el modelo de los colocados en Sevilla el año anterior. Estos paneles todavía pueden verse en la Plaza del Potro y en la Puerta del Osario y, aunque su diseño, autor y época es similar, parecen proceder de iniciativas diferentes.


El primero fue inaugurado el 23 de abril de 1917, coincidiendo con el aniversario del fallecimiento de Cervantes y con la finalización de las obras de recuperación de la portada del antiguo Hospital de la Caridad, que había permanecido oculta hasta su descubrimiento por Enrique Romero de Torres (1872-1956). Este pintor, hermano del famoso Julio Romero de Torres, fue conservador-restaurador y después director del Museo Provincial de Bellas Artes de Córdoba. Fue iniciativa suya la de instalar un panel cerámico costeado por “varios cordobeses con amor de paisanos y veneración de españoles” a imitación de los ya existentes en varias calles de Sevilla.

Mosaico cervantino en la fachada del Museo de Bellas Artes de Córdoba, en la Plaza del Potro.
Fotografía: Víctor Heredia
El texto fue redactado por el ilustre cervantista Francisco Rodríguez Marín1 y en el mismo se destacaba el “abolengo cordobés” del escritor (sus abuelos eran naturales de Córdoba) y el hecho de que “mencionó este lugar y barrio en la mejor novela del mundo”, en referencia a las alusiones a la famosa Posada del Potro en varios capítulos del Quijote. Curiosamente el mosaico está situado en la fachada del Museo, situado justo enfrente de la vieja Posada, que después de ser adquirida por el Ayuntamiento es desde el año 2005 sede del Centro de Flamenco “Fosforito”.

Detalle del panel cervantino de la Plaza del Potro.
Fotografía: Víctor Heredia
Es un panel rectangular formado por 84 azulejos y bordeado por una cenefa en tonos azul y blanco. En la parte superior hay dos medallones, uno con el escudo de la ciudad y otro con un retrato de Cervantes, unidos por una guirnalda. Está firmado en el ángulo inferior derecho por el pintor ceramista sevillano Manuel Vigil-Escalera Díaz (1885-1938), amigo de Julio Romero de Torres.

El segundo mosaico cervantino de Córdoba se encuentra en el lugar de la desaparecida Puerta del Osario, que fue demolida en 1905. Presenta el mismo diseño, autor y año, pero en este caso está formado por 104 azulejos y algunas diferencias en los colores y en los motivos decorativos. Además, en este caso es el Ayuntamiento cordobés el que aparece expresamente como promotor de la inscripción, recordando que Cervantes “mencionó este lugar en sus obras”, sin especificar en cuál de ellas. El mosaico está instalado en el lienzo de muralla que se conserva como recuerdo de la desaparecida puerta2.

Mosaico de la calle Osario de Córdoba.
Fotografía: Víctor Heredia






1 Boletín de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, nº 60, 1948, p. 64.
2 Queremos expresar nuestro agradecimiento a Alberto Cañas Pérez y Juan López Rejano por su colaboración para conocer y documentar los mosaicos cervantinos de  Córdoba. Entre las abundantes referencias disponibles de estos azulejos se puede destacar la del blog de J.C. Canalda: